SEMANA SOCIAL

Semana Social “Democracia: un camino de servicio a los pobres”

Recordamos con una memoria agradecida estos treinta y cinco años de gobiernos democráticos, pues creemos que una democracia participativa es lo mejor que hoy un país puede aspirar para su pueblo. Pero, asimismo, constatamos que la democracia, como sistema óptimo para resolver la dura realidad de los pobres en Argentina, aún no ha dado resultados positivos, hemos tenido algunas mejoras pero no tenemos una política de fondo que permanezca en el tiempo y se pueda evaluar para mejorar el sistema de esta democracia participativa, que debe tener una fuerte finalidad social especialmente en la deuda que hoy persiste con los más empobrecidos y vulnerables de nuestro país.

  1.  Acerca de la democracia como un camino de servicio a los pobres

Cuando hablamos de pobreza, mirándola desde la verdad, no sólo tenemos que hablar de pobreza sino hablar de la riqueza mal acumulada, porque la pobreza tiene que ver, en un país como el nuestro al menos, con lo que ha venido creciendo en los últimos años a tasas muy importantes. Cuando hablamos de pobreza tenemos que mencionar también el crecimiento económico que no se ha distribuido adecuadamente, digo, creando fuentes de trabajo. No es que haya que repartir el dinero sino distribuir en Programas de desarrollo que sean de verdad integrales.

No podemos seguir avalando que la pobreza es una preocupación pero no tomamos medidas de largo alcance para los más expuestos, los más débiles, los que afrontan mayores dificultades para alcanzar una vida digna. Dios depositó la autoridad en el pueblo, para que todos cuiden de todos, para que viviendo en comunidad nos prestemos mutuo auxilio y nos ayudemos unos a otros. Esto es obligación de la familia y de la sociedad pero particularmente del Estado y del Gobierno. Para que sea posible el gobierno, que no podemos ejercer todos permanentemente en asamblea, delegamos ese poder en algunos para que gobiernen. En eso consiste la democracia. Pero aquellos que reciben el mandato político -presidentes, gobernadores, intendentes, legisladores, jueces- tienen un mandato general, con independencia del partido o el ideario político al que pertenezcan: el mandato de velar por el bienestar de todos, la igualdad de oportunidades para todos, que a nadie le falte lo necesario para vivir, y no sólo sobre-vivir. Y también tienen el mandato de cuidar de la naturaleza, de modo que todos podamos vivir en un  ambiente sano. Eso es precisamente lo que manda nuestra Constitución: los derechos que ella reconoce son para todos los habitantes de la Nación sin excepción. Y esos derechos son claros: el derecho a la vida desde la concepción (art. 75, inc. 22), el derecho a que la naturaleza sea cuidada (art. 41) y los derechos a trabajar, estudiar y enseñar, comerciar, producir (arts. 14 y 14 bis). Ese es el plan básico de gobierno para todos los partidos políticos y para todos los que ejercen funciones de gobierno, ejecutivas, legislativas o judiciales.

Por eso, cuando vemos que en una democracia hay excluidos, hay pobres, hay quienes pasan hambre, viviendo en condiciones infrahumanas, sin trabajo, podemos decir sin temor a equivocarnos, que no está funcionando bien. Que debemos revisarla y mejorarla, para que, efectivamente, haya democracia hasta para el más postergado de los habitantes de nuestra nación y nuestro continente. Es decir, que las políticas de gobierno que se desarrollen deben perseguir alcanzar el bien común, el bien de todos sin excepción.

La democracia debe expresar y afrontar los problemas y las necesidades de todos los miembros de la comunidad nacional y de su casa común, la naturaleza. Esto no quiere decir que el gobierno deba resolver todos los problemas, pero sí adoptar las medidas que orientarán y ayudarán a la comunidad a resolverlos. Y cuando la orientación es insuficiente para que la sociedad responda, el gobierno debe emplear los estímulos adecuados para lograrlo. Pero cuando la sociedad pese a eso no los resuelve, entonces el gobierno debe hacerlo.

Como les dijo Francisco a todos los gobernantes del mundo reunidos en la 70a Asamblea General de Naciones el 25-9-2018: “los gobernantes han de hacer todo lo posible a fin de que todos puedan tener la mínima base material y espiritual para ejercer su dignidad y para formar y mantener una familia, que es la célula primaria de cualquier desarrollo social. Este mínimo absoluto tiene en lo material tres nombres: techo, trabajo y tierra; y un nombre en lo espiritual: libertad de espíritu, que comprende la libertad religiosa, el derecho a la educación y todos los otros derechos cívicos”. Hoy todavía escuchamos expresiones encontradas que consideran inexistente la categoría de pueblo y tienen un prejuicio con todo lo que sea cultura popular y con otras formas directas de participación ciudadana.

Reconocemos que una democracia sana supone la participación de todo el pueblo: la inclusión, la integración que implica, dar oportunidad, ser corresponsable. Es una responsabilidad y un compromiso de todos, en especial de los dirigentes. El Papa Francisco nos lo recuerda, diciendo: «Quien tiene los medios para vivir una vida digna, en lugar de  preocuparse por sus privilegios, debe tratar de ayudar a los más pobres para que puedan acceder también a una condición de vida acorde con la dignidad humana, mediante el desarrollo de su potencial La integración hace a la persona protagonista desde su propia dignidad e implica el derecho al trabajo, la propiedad de la tierra y un techo habitable. Esto está muy lejos de un protagonismo economicista devastador, que impone sin ninguna ética su dominio absoluto, humano, cultural, económico y social»1.

Cuando en una Nación como la nuestra, en la que hay tierra suficiente para que todos seamos propietarios, riqueza suficiente para que todos tengamos una vida digna, alimentos para un número de personas varias veces mayor que el número de sus habitantes, y sin embargo, hay muchos argentinos que no tienen techo, ni tierra, ni trabajo, que comen menos de los necesario y donde hay una grave desnutrición infantil, es necesario llamar fuertemente la atención de los gobernantes y de todos los sectores de la sociedad acerca de esos problemas porque por algún motivo la democracia y la sociedad están fallando.

Y esto es lo que nos proponemos en esta Semana Social: que todos tomemos conciencia que hay muchas cosas que andan mal y que debemos corregirlas. Y que el medio que debemos emplear para corregirlas es el diálogo y el encuentro de los diferentes sectores de la sociedad entre sí y con el gobierno.

La razón de ser de la democracia es que todos los habitantes de una nación puedan participar en las decisiones políticas mediante los sistemas que la Constitución establece -las elecciones, las peticiones públicas, las movilizaciones- pero también que todos puedan ejercer realmente los derechos que la Constitución otorga a todos sus habitantes. Es decir que la Constitución establece un sistema institucional valioso –soberanía popular, división de poderes, elecciones libres, libertad de expresión, libertad para manifestarse, etc.- pero le asigna un fin: que todos sus habitantes puedan ejercer los derechos que ella consagra, bastando para ello que cumplan también sus deberes. El sistema institucional no funciona bien si los derechos y garantías que establece la propia Constitución no pueden ser ejercidos por muchos, pese a todos sus esfuerzos, como hoy ocurre con los Movimientos Populares, que están creando trabajo en la economía popular porque la economía de mercado no genera empleos suficientes.

Como les dijo Francisco a los diputados europeos en el Parlamento de la Unión Europea: “Mantener viva la realidad de las democracias es un reto de este momento histórico, evitando que su fuerza real –  fuerza política expresiva de los pueblos– sea desplazada ante las presiones de intereses multinacionales no universales, que las hacen más débiles y las trasforman en sistemas uniformadores de poder financiero al servicio de imperios desconocidos. Este es un reto que hoy la historia nos ofrece”.

Por eso a lo largo de esta semana, defenderemos y celebraremos nuestras instituciones democráticas llamando la atención y proponiendo soluciones para todos esos problemas en los que no estamos practicando la democracia: los muchos argentinos que no pueden ser propietarios, que no tienen trabajo, los que afrontan mayores dificultades para alcanzar una vida digna. Fortalecer y alentar la tarea difícil de sumar voluntades para potenciar el compromiso, las relaciones y ayudas interinstitucionales.

Ese es el modo de defender y celebrar la democracia. Permítanme recordar nuevamente la potente voz de Francisco, esta vez antes los representantes y senadores del Congreso de los Estados Unidos: “La sociedad política perdura si se plantea, como vocación, satisfacer las necesidades comunes favoreciendo el crecimiento de todos sus miembros, especialmente de los que están en situación de mayor vulnerabilidad o riesgo. La actividad legislativa siempre está basada en la atención al pueblo. A eso han sido invitados, llamados, convocados por las urnas.”

Pero no olvidemos que ese no es solamente el sentido y la razón de ser de la democracia como sistema de gobierno. También es el sentido y la razón de ser de la familia y de la sociedad: que todos cuidemos de todos, que nos ayudemos mutuamente. No olvidemos que los seres humanos tenemos una capacidad principal que nos distingue de los animales, además de la razón, la capacidad de cooperar, de ser solidarios.

A todos nos conmueve siempre la espontánea y masiva respuesta de los argentinos ante las catástrofes, como ocurre cuando hay inundaciones.

Esta Semana Social se propone lograr que toda la sociedad argentina comprenda que estamos frente a algo similar a una catástrofe, que la única diferencia que tiene con las demás catástrofes es que es crónica. Precisamente el que sea crónica, el que esté entre nosotros desde hace mucho tiempo, ha terminado por anestesiarnos a todos. Y estar anestesiado es peor que estar dormidos. Del sueño uno despierta espontáneamente porque ya no tiene necesidad de seguir durmiendo o sonó el despertador o hubo un ruido fuerte. De la anestesia uno despierta sólo cuando dejan de suministrársela. Eso se propone esta Semana social: ayudar a suprimir la anestesia social.

2. Acerca de por qué asociar el cuidado de la tierra con la posibilidad de vida digna para todos los argentinos

La crisis que estamos afrontando es global, no sólo argentina o latinoamericana. Y como nos dice Francisco en Laudato Si es al mismo tiempo una catástrofe de la naturaleza y de la humanidad. Y la causa es la misma: el control de la economía por el paradigma tecno económico, y la subordinación de la política y la sociedad a la economía. Creer que es posible reemplazar ese paradigma que hoy gobierna el mundo por un modelo humanista, que coloque en el centro de las preocupaciones del sistema global a la persona humana y a todas las formas de la vida, tiene una connotación de esperanza. A partir de creerlo se abren para todos muchas posibilidades de contribuir a producir el cambio, cada uno dentro de sus posibilidades, a participar en la construcción de una nueva sociedad y una nueva economía.

Esta crisis es grave. Por eso Francisco se convirtió en la voz de todos los pueblos de la tierra cuando en Naciones Unidas afirmó que “El mundo reclama de todos los gobernantes una voluntad efectiva, práctica, constante, de pasos concretos y medidas inmediatas, para preservar y mejorar el ambiente natural y vencer cuanto antes el fenómeno de la exclusión social y económica”.

Por eso también nos proponemos trabajar durante esta Semana Social sobre el trabajo y la pobreza, entre estas pobrezas “el trabajo infantil y el trabajo forzoso”, en llamar la atención sobre este daño común que está recibiendo la madre tierra y estamos recibiendo las personas en todo el mundo y, sobre todo, sobre su causa. Es decir, pensar y debatir acerca de cómo reemplazar el paradigma tecno económico por un paradigma humanista, que vuelva a subordinar todas las actividades humanas al bien común global, a proteger y restaurar la naturaleza y a un mismo tiempo hacer posible para todos los habitantes del planeta y en particular de nuestra Patria y de la Patria Grande latinoamericana, el acceso a la tierra, al techo y al trabajo.

Acerca de por qué debemos afrontar esta crisis junto con las demás naciones de América latina, con las que compartimos, la identidad, la historia y el mismo humanismo cristiano

Otro aspecto importante que presentamos en esta Semana Social es que la magnitud de los problemas que debemos resolver para mejorar y profundizar la democracia, exige que lo hagamos junto con todas las naciones latinoamericanas o al menos con las naciones suramericanas.

Hemos intentado llamar la atención sobre la integración de nuestras patrias hermanas como nuestro modo de estar en el mundo.

Cómo nos decía Francisco cuando era Cardenal: “Ante todo se trata de recorrer las vías de la integración hacia la configuración de la Unión Sudamericana y la Patria Grande Latinoamericana. Solos, separados, contamos muy poco y no iremos a ninguna parte. Sería un callejón sin salida que nos condenaría como segmentos marginales, empobrecidos y dependientes de los grandes poderes mundiales”2.

Es que solamente con políticas de estado continentales, acordadas y ejecutadas en común con todas las naciones de América del Sur y de América Latina, podremos afrontar la defensa de los recursos naturales que pertenecen a nuestros pueblos y simultáneamente construir nuevas y masivas fuentes de trabajo, asegurar el acceso de todos a los servicios públicos, a la salud, a la educación.

Un ejemplo en ese sentido es el Sínodo de la Amazonia que Francisco convocó y que se realizará en Roma en 2019 y del que participarán todos los países de la amazonia y también delegaciones de los demás latinoamericanos. Allí se debatirán los problemas que afrontan la naturaleza y las personas y se propondrán soluciones para desarrollar en común en toda nuestra Patria Grande. Otro ejemplo es la lucha contra el narcotráfico, para lo cual existe un Consejo de UNASUR, en el que participan todas las naciones de América del Sur. El gobierno informó que considera la participación del Ejército en las tareas de control del narcotráfico en las fronteras. Pero el único modo de hacerlo efectivo es hacerlo en forma conjunta con las fuerzas armadas de todos los países de América del Sur y para eso ya existe el ámbito apropiado que es el Consejo de Defensa de UNASUR.

Hoy tenemos que poner el hombro ante este flagelo de la droga, ayudar a cargar la cruz del caído del camino, es otro cristo, como lo puso Simón de Cirene, un extranjero, un africano, que cargó con la cruz de Jesús hacia el calvario. Dios no mira razas, ni procedencia cuando se trata de servir al prójimo más vulnerable. Necesitamos unir nuestras voluntades para acompañar al que ha quedado solo y desahuciado en el recodo de la vida. El creciente consumo de droga nos está hablando de la demanda del amor que tantos adolescentes y jóvenes reclaman, a su familia, a su círculo de amigos, a su comunidad, es doloroso el sentimiento de abandono y desprotección que palpamos cotidianamente en nuestros barrios.

En esta tarea de acompañamiento y atención a los más vulnerables de nuestra sociedad, quiero destacar la invalorable misión de la mujer, y la trascendencia de la perspectiva femenina. Como afirmaba hace  muchos años una de las pensadoras latinoamericanas más notables de la historia, Sor Juana Inés de la Cruz, en un poema que todos recordamos, la mujer tiene una superioridad moral sobre el hombre, seguramente originada en su capacidad de engendrar vida. Y eso le confiere una aptitud singular para pensar y enseñar sobre todas las materias del conocimiento humano y para construir la nueva sociedad humana y el mundo poliédrico que nos propone Francisco.

Uno de los paneles propuestos: la relación de los derechos humanos con la democracia enmarcados en el principio de la dignidad de la persona humana, con los derechos fundamentales que le pertenecen antecedentemente a toda situación social; el principio de la subsidiaridad, que concierne los derechos y la competencia de toda la comunidad; el principio de la solidaridad, que postula el equilibrio entre los más débiles y los más fuertes, constituyen en verdad como las columnas de la nueva sociedad que se debe construir. A los laicos les corresponde ordenar las realidades temporales según la voluntad de Dios, en el vasto campo de la cultura, de la vida económica y social y de la acción política.

Dice Francisco: Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma (Jornada de los Pobres 2017)

 CUANDO         

La semana Social se llevará  a cabo del 22 al 24 de junio de 2018.

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